Contemplo tu rostro suave y cálido, tus ojos cerrados con la delicadeza de un recién nacido, tu piel desnuda tan liza que no puedo resistir no tocarla, recorrerla, besar cada poro de tu ardiente manto con el que me cubres al anochecer, al sentirme en ti.
Miro como se iluminan tus rasgos con la luz de la luna, como tus mejillas se coloran a su tono habitual, como respiras lentamente y tan profundo que no puedo dejar de sorprenderme de la paz que te pose cuando duermes a mi lado.
Recordando todavía como era tu rostro cuando estaba en ti, el color rojo que tomaron tus meguillas, lo húmedo de tu cuerpo y con la respiración agitada.
Aun es muy temprano para que despierte, para que esos hermosos luceros se iluminen con su claro esplendor, para que puedas sentir como te recorro aun con la mirada sin profanar la paz de tu dulce sueno en el que de seguro estoy yo como en este momento, contemplándote como siempre lo he hecho.
Miro el reloj y me percato de que han pasado más de cuatro oras de simplemente contemplarte, cierro los ojos lentamente me recuesto bocarriba, suspiro tan profundo que siento que el alma se me sale del cuerpo, de momento siento tu boca en la mía y tus manos en mi piel desnuda empiezas a recorrerme y a hacerme tuya mientras me dices en un susurro cuanto me amas y me deseas que permanezca siempre a tu lado, te contesto con un suspiro entrecortado.